Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

En el salón comedor del Jockey Club, entre señores que hablaban en susurros y se ajustan cada tres bocados la corbata, la conversación entre el diputado Sanz Brioles y el bufón televisivo Julio Méndez estaba a punto de volverse brusca: –Seré audaz pero no soy estúpido, Brioles. Con esta pinta de loco, con estas salidas de pista que me mando todo el tiempo, no me va a votar ni el perro. Yo puedo meterles algunas dudas, hacerles pensar algunas cosas, pero mirá si van a votar para presidente a un tipo como yo, un animal que nunca manejó ni una fiambrería. Ni yo me votaría, qué querés que te diga. Sanz Brioles intentó dos o tres frases más, Julio Méndez amenazó con irse. Qué carajo se creería ese cajetilla, que él y unos millonarios como él se lo iban a tomar a la chacota, lo iban a usar de bufón pelotudo. Estaba indignado, cabreado hasta los tuétanos. No le pegó porque era un lugar público, pero ahí mismo decidió que nunca más le contestaría el teléfono. –¿Vos no entendés que todo esto es un show, una forma de ganarme la vida? ¿Y qué querés, que tenga que pasarme la vida haciendo el show? Una cosa es hacerlo dos horas cada dos días, otra muy otra tener que hacerlo todo el tiempo, voy a ser la burla de las mucamas de Plaza Italia… Julio casi gritaba, se levantó, se fue sin saludar; desde las otras mesas, socios muy circunspectos lo miraban con asco y se ajustaban de nuevo las corbatas. Le importaba un carajo, ya lo había decidido: en los programas iba a hablar pestes de esos chantas de Libre Mercado, liberales de mierda, oportunistas del orto, qué carajo se creen. Andá a reírte de tu puta madre, pelotudo. Mirá que querer presentarme a mí a unas elecciones… ¿Qué querían, reírse de él, ponerlo en ridículo, reventarlo de una vez por todas? Hay que ser un reverendo hijo de puta, pensó, y escupió en la vereda. Pocas cosas le daban tanto gusto, más sensación de libertad que escupir en la vereda.