En el salón comedor del Jockey Club, entre señores que hablaban en susurros y se ajustan cada tres bocados la corbata, la conversación entre el diputado Sanz Brioles y el bufón televisivo Julio Méndez estaba a punto de volverse brusca –Seré audaz pero no soy estúpido, Brioles. Con esta pinta de loco, con estas salidas de pista que me mando todo el tiempo, no me va a votar ni el perro. –Bueno, los perros. Alguien me dijo que tenías tres perros muy especiales… Eso acá paga. La gente está tan decepcionada con las personas que muchos se han tomado en serio aquello de que cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro. Y vos, con tres perros heroicos, reproducciones del gran perro, vas a arrasar, Julio, te lo digo yo. Julio se quedó pensando: la inclusión de los perros chinos en el asunto lo entusiasmó. Pero no la veía: –Lo que pasa, Pedro, es que la gente solo me conoce por este personaje que estoy haciendo en la tele, el cabreado, el león. Va a ser muy difícil sacarles eso de la cabeza y presentarme como un tipo que… –¡¿Sacarles eso de la cabeza?! ¿Pero cómo se te ocurre, Julio? Si eso, ese personaje, es precisamente lo que tenés, lo que hace toda la diferencia. No, no tenés que sacarles eso de la cabeza, al contrario, profundizar, profundizar… –Pero Pedro, ¿vos te creés que los argentinos son tan idiotas como para votar a un payaso como yo? –Idiotas no es la palabra, Julio, ni de lejos. Al contrario: votar por vos, que no sos ningún payaso, va a ser una muestra de hastío y de coraje y de decirles a esos politicastros de siempre que nunca más, pero nunca más en serio. –¿Y si me llegan a elegir qué hago? –No te preocupes, ni en pedo te van a elegir. Pero la campaña vale la pena: nos divertimos como locos y hablamos de nuestras ideas, las hacemos circular. Y encima nos llevamos una torta de plata. Es negocio redondo. –Pero, ¿y si me eligen? Insistió, la voz cada vez más apagada. –No te van a elegir, Julio, no te preocupes, los argentinos están locos pero no tan locos. Y de últimas si te eligen mejor todavía, hacés lo que se te cante, das vuelta la Argentina como un guante. Ahí sí que la rompemos toda. Julio salió caminando, rumiando la idea: se iba dejando convencer contra sus propias opiniones. Seguía pensando que era un disparate pero un gran disparate: él, el Loco, el Rubito, el Petiso, el fracasado al que nadie nunca había tomado en serio se podía convertir en un nombre que todos conocieran, en un hombre. Llegó a su casa: extrañó tanto a Sansón, haber podido preguntarle qué pensaba; los tres chinos, mientras, se peleaban como alguien solo se puede pelear consigo mismo. Pero llamó a su hermana y Karola le dijo lo mismo que Sanz: “No perdés nada, Yuls. Si querés yo te ayudo. Nos divertimos, la pasamos bien, te hacés más famoso, te invitan a las cenas, te suben el caché, te conseguís alguna mina que te guste, te llevás una guita importante y, de pura culpa, capaz que me comprás una cartera, ¿qué puede salir mal?”. –Tenés razón, mi vida, como siempre. Le dijo, decidido. Y ella aprovechó: –Además, tengo una historia que te va a lanzar a la estratósfera. Le dijo, y que acababa de leer un cuento –ella, a diferencia de su hermano, sí leía algo de tanto en tanto– de Borges, algo sobre un impostor inverosímil que le hizo entender que cuanto más disparatado es un embuste más chances tiene de que muchos lo crean. Y que entonces se le había ocurrido que él tenía que contar un cuento así, un absurdo completo, para que muchos le creyeran, lo apoyaran. –Pero no entiendo, Karo, ¿un cuento como qué? –Mirá, se me ocurrió pensando en esto que decía Sanz: vos tenés la ventaja de los perros, ¿no? –Bueno, eso dice él. –Y yo también lo creo: ponelos a jugar. Podrías decir por ejemplo que lo que te decidió a presentarte fue el recuerdo de Sansón… –No, Karo, no, lo quise en serio, no quiero meterlo en esta historia. –No, sí, que su recuerdo fue… –Pará, pará. No hablemos del recuerdo: ¿y si digo que fue él el que me dijo que me presentara? Lo fueron armando por teléfono, la excitación crecía: al final, la historia sería que el señor Dios, allá en el Cielo, le dijo a Sansón que le dijera a su amo que debía presentarse a elecciones porque pronto sería el presidente de los argentinos. –¿Y yo cómo lo supe? –Es fácil, Yuls, te lo dijo Sansón a través de Farah, tu médium de animales. –¿Y esa Farah…? –No existe, Yuls, no seas boludo, pero quién se va a poner a averiguar. –Karo, vos sí que no sos medium, sos un animal entero. Le dijo, admirativo –y siguieron armando sus delirios. El único problema era que faltaba tanto para las elecciones de 2027. Hasta que, semanas después, todo cambió de golpe: el entonces presidente, un energúmeno llamado Javier Milei, tuvo que renunciar por un brote psicótico, y su vicepresidenta fue tan cuestionada que debió llamar a elecciones anticipadas en octubre de 2025. Ése, sin duda, sería su momento.