Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

La verdad es que ese tiempo que pasé en Guatemala no fue el mejor momento de mi vida. Allá todo era como un premio consuelo: atajaba para el Antigua porque no había podido atajar para Atlanta, salía en el diario de esa ciudad perdida porque nunca llegué a la tapa de Crónica, tenía que tratar de levantarme esas petisas morochitas porque ahí no había una rubia ni pintada en la pared y las pocas que había no me daban bola. Todo era como de segunda, así que no era difícil pensar que yo también: si estaba ahí, si había caído ahí, era que yo era uno de ellos. Aunque en una de esas me equivoco: yo debía ser de segunda, sí, pero entonces ellos eran de cuarta regional. Había mucha distancia, mucha diferencia. De hecho, lo que más me gustaba era ese placer de sentirme superior. Así dicho suena pelotudo, pero lo cierto es que los argentinos en América Latina somos superiores. Primero porque ellos se confunden: como decía, nos toman por gringos o por alemanes. Pero después, cuando se dan cuenta o les decís que sos argento sigue siendo igual, se apichonan, saben que nosotros somos como europeos y que se ve la diferencia y en general les llevamos una o dos cabezas. Está, para empezar, ese gustito de ser alto y rubio –yo, que en Buenos Aires nunca fui un carajo– en un lugar donde todos son petisos y morochos. Pero esa es la primera impresión, la de a lo lejos. El tema es que de verdad somos superiores en tantas otras cosas. No vas a comparar la forma en que habla un argentino con la forma en que habla un mexicano o un paragua o la forma en que sabemos hacer cuentas o la forma en que entendemos las cuestiones; no vas a comparar la instrucción que tiene un argentino, la seguridad que tiene, las facilidades que tiene con las que tiene un nica o un ecuatoriano. Los cubanos, capaz que los cubanos son de los pocos que se nos pueden comparar, pero el problema es que tienen muchos negros. Y además no es por casualidad: no es que seamos así porque nos tocó en una rifa. Somos mejores porque siempre fuimos mejores, porque hace cien años, cuando estos estaban arando con la mano, recogiendo bananas para los yankis, nosotros ya teníamos una ciudad como Buenos Aires y colegios y universidades y trenes y la guita del mundo. ¿O me vas a decir que los tanos y los españoles y los turcos y los moishes y todos esos muertos de hambre se iban a Colombia o Nicaragua? A la Argentina venían, por supuesto, porque sabían lo que hacían, sabían lo que buscaban. Después a algunos les fue mejor que a otros, pero eso siempre es así, siempre hay algunos que trabajan más, se sacrifican más, son más audaces o más inteligentes. Y también es cierto que últimamente nos fuimos un poco al carajo, estamos cuesta abajo, pero incluso así, cayendo en la rodada, somos otra cosa, ni punto de comparación.