Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Qué maravilla esos momentos en que de verdad parece que todo acaba de cambiar, que se te abre por delante un mundo nuevo. Yo creo que son los mejores: después siempre le empezás a ver las arrugas a eso que te parecía tan planchadito, tan perfecto, pero en ese primer momento te convencés de que lo que acaba de pasarte es espectacular y vas a ser otro para siempre, que al fin y al cabo es lo uno busca todo el tiempo. Me imagino que debe haber personas que no quieren ser otras, que están satisfechas con lo que son o consiguieron convencerse de que deberían estar satisfechas; me imagino que hay, pero yo no conozco a ninguna, la verdad. Así que esos momentos de novedad son extraordinarios. Y lo más raro es que uno nunca sabe cuándo o cómo van a aparecer. Yo pasé por el locutorio del tío de Rodolfo pero podría haber tomado cuatro o cinco caminos diferentes y todo habría sido tan distinto. Eso es lo que siempre me sorprende: si por lo menos uno pudiera saber qué va a significar lo que decide… Si hubiera algo o alguien que te lo muestra antes de que decidas… Si Dios fuera piadoso, ¿no haría eso? ¿No te diría fijate Julio que si vas por Habana de pronto podés encontrar algo que te cambia la vida pero si estás bien así como estás mejor agarrá por José Cubas? Y también cuando nos metemos en problemas, que es casi siempre: ¿por qué ese hijo de puta no hace un esfuercito y nos avisa, y así los evitamos? ¿Será que se divierte mirando cómo la cagamos, o que se hacen apuestas, veinte a que aquel no llega a nada, treinta y cinco a que esta va en cana antes de fin de año? O quizá yo estoy hablando al pedo: pidiéndole a Dios o a quien sea que haga lo que tendría que hacer yo, que se tomen mi responsabilidad, que me salven de mí. Lo que pasa es que uno no puede ni imaginarse que una boludez tan chiquitita, una raya de cocaína, digamos, en el cuartito de un puto locutorio, te pueda llevar tan lejos. En este caso, lejos bien, pero también podría haber sido lejos mal, y a llorar a la iglesia. Ese es el lío: hacemos cosas creyéndonos que las podemos controlar, que las cortamos cuando queramos, y resulta que hacer cualquier cosa es poner en marcha un ejército de mierda que avanza hacia vos con todas las banderas desplegadas, un desastre. Pero entonces cuál sería la alternativa, ¿no hacer nada? ¿Encontrarte un camino que ya esté tan trazado que sepas dónde te va a llevar, que te puedas creer que lo sabés? Si todos fuéramos así, el mundo sería una porquería. Si nadie fuera así, la suma de los sufrimientos de cada cual se volvería un tsunami de miserias. No sé, la verdad que no sé. Pero qué distinto que sería todo si yo supiera pensar, anticiparme un poco, imaginar lo que puede pasar con mi vida. Qué distinto que sería todo si yo fuera distinto.