Yo estaba sorprendido: decepcionado muy poquito, más que nada aliviado. Cuando Madariaga me propuso el tema de la efedrina era una oferta demasiado buena para rechazarla. Pero estuve a punto: la verdad es que me había dejado comer la cabeza por el cine y la televisión. Y entonces me imaginaba la vida de un narcotraficante como algo parecido a Al Pacino en esa de Miami o incluso Brando en El Padrino o los narcos de la serie Narcos y todo ese barullo: casas como palacios, culos desparramados, cocodrilos en la bañadera, guardias por todas partes, amenazas. Y al final resultó una vida más bien aburrida. Entonces entendí que todas esas películas, esas series las pagan los narcos, son su inversión en propaganda: su forma de convencernos de que su tráfico es un asunto complicado, violento, mortífero –y así se lo guardan para ellos. Y capaz que por eso se recagan a tiros cada tanto: no están eliminando al colega con quien se tirotean sino a todos los que podrían querer meterse en eso y con esas muertes y cadáveres colgados o cortados o quemados los asustan, les hacen creer que su mundo es tremendo y así, de paso, justifican sus precios tremebundos. El otro truco que tienen es eso de mostrarte cómo se hacen mierda los adictos: muestran chicos y chicas arruinados por la droga, retorcidos, los ojos perdidos, flacos como un palo, la sangre en la comisura de los labios y entonces se creen que te ponen en un brete: que te hacen dudar si dedicarte a algo que va a dar esos resultados espantosos. Es otra trampa: vos no obligás a nadie a fumar o jalar o pincharse; ellos son los que deciden hacerlo, vos solamente les das la oportunidad de hacer lo que quieren, de ejercer su libertad en serio. Hay algunos que son medio boludos y se dejan influir por estas campañas y entonces no se meten con las drogas; otros sabemos que la libertad individual es lo más importante, y que si hay gente que quiere hacerse mierda, quiénes somos vos o yo para decirles lo que tienen que hacer con sus vidas. Así que nada, todo eso de la violencia y de la destrucción son boludeces, todos trucos baratos. La que sí importa es hacerlo bien, y entonces es un negocio como todos: hay que ser cuidadoso, chequear el material, saber con quién conviene asociarte y con quién no, pagar las coimas necesarias, no hacer ruido, y el resto es esperar que llueva. Y cómo llovía, la reputa madre. Chaparrones de guita, eso es lo que eran: yo tenía un producto con mucha demanda y poca oferta, buenos precios, poca competencia, el mercado en todo su esplendor.