Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Más de una vez pensé que qué pena que no fui policía: debe ser un placer. Digo: no el pobre policía que se pasa no sé cuántas horas parado en una esquina, aunque también ahí te debe dar gustito saber que podés agarrar a cualquiera, que van a tener que obedecerte, que de últimas podés sacar la pistola y usarla y no te van a joder mucho: tener un poder que es limitado pero muy concentrado, un poder que no es nada pero en esa esquina es casi todo. Pero no, no me refiero a eso: digo ser policía tipo comisario, estudiar para policía e ir subiendo más o menos rápido todos los escalones hasta que en lugar de una esquina tenés un barrio entero, y en lugar de estar parado cagándote de frío tenés una oficina y un huevón que te trae el café recién hecho o el hielo para el whisky. Y sabés que le podés pegar cuatro gritos a quien se te dé la gana, y que le podés pegar cuatro palazos o cuatro picanazos a casi quien se te dé la gana, y que hay algunos, que tampoco son tan pocos, a los que les podés pegar cuatro balazos y no va a pasar nada. Debe ser un buen polvo saber que podés hacer eso y que todos te van a decir sí señor a la orden señor ahora mismo señor comisario. A mí señor me dicen poco: a veces sueño con que todos me lo dicen y me cago de risa. Pero lo mejor es eso de saber que tenés un poder fuerte en tu barrio pero que es un poder que tenés que ejercer con cierta inteligencia, que lo más importante de ese poder está en el borde, con qué narcos arreglás qué cosas, qué zonas liberás por cuánta guita, qué le cobrás al dueño del quilombo, o si en lugar de meterte en esas pelotudeces administrativas ponés un impuesto para todas las actividades, que todos los que hagan algo sepan que tienen que pagarte el IVA, un diego de la guita que hagan y un par de pibes por año para meterlos presos, que no parezca que les das vía libre. Y les marcás con mucho cuidado el tipo de actividades que pueden emprender y las que no, y en cuanto se pasan de la raya les metés –les hacés meter– cuatro cuetazos y entonces, si sos bueno, mantenés el orden en tu cancha, todo tranqui, sin boludeces que salgan en los diarios. Se necesita mucho talento para eso, gobernar para los poderosos sin que los impotentes se molesten ni se quejen: en serio a veces pienso que me habría gustado poder intentarlo, ver cómo me salía, y me da pena no haber sido policía.