Claro, cómo carajo iba a saber si nunca lo había hecho. Ese es el tema con algunas cosas importantes: que uno no sabe hacerlas porque las hace solamente una vez, dos o tres con toda la furia. Morirse es la más clara: casi nadie se muere dos veces, así que esa pindonga tan decisiva no tenemos ni idea de cómo hacerla. Alguna vez alguien me dijo que no me preocupara, que te sale sola, que aunque la quieras manejar no te da ni pelota, pero igual a mí me gustaría poder llevarla un poco más, imaginar qué haré o qué tendría que hacer, si me da una sola chance no desperdiciarla. Y con el suicidio pasa lo mismo pero un poco menos: no sabés. Seguramente hay desquiciados que ya a los veinte años tienen todo planeado, que saben que si alguna vez, como sospechan –o de algún modo esperan–, les da por suicidarse, ya tienen decidido qué píldoras se van a tomar o qué vena se cortarán para cortarse las venas o cuántos pisos necesitás para que la caída te mate seguro. Pero yo no sabía, yo era nuevito en esto y me daba mucho miedo equivocarme, hacer algo que yo creyera que me iba a matar y que al final no me mataba ni un carajo y entonces tenía que lidiar con todos los quilombos: que por qué lo hiciste, que cómo habría que repartir tus cosas, que menos mal que te salió mal pero ahora va a haber que internarte, alguien se tiene que hacer cargo de tus desequilibrios. Y si no engancharse con eso que los pibes llaman suici –o el sindió–, esto de hacerse cada tanto medio suicidio, para irlo controlando: tomarse la mitad de las pastillas necesarias, subirse a un banquito y atarse la soga al cuello pero atar mal la otra punta para que se caiga, desviar el balazo un segundo antes del disparo, todas esas cosas que ellos pusieron tan de moda. Y entonces, dicen, si alguna vez te decidís ya no es como si estuvieras haciendo algo muy raro: te hacés una pirueta que ya llevás entrenando años y años. Pero la verdad es que todas esas son huevadas: por más que controles el suici y el sindió vas a seguir sin tener ni puta idea de lo que hay detrás. Y quizá sea mejor: mirá si de verdad pudiéramos imaginar cómo es la muerte: ahí sí que nos suicidamos todos en tres cuartos de hora.