Era rara tanta oscuridad y esa mancha de luces, esas sombras con luces de los faros justo en el medio, justo en el lugar donde teníamos que encontrarnos ese tarado y yo: no sé, me inquietó un poco. Pero me dije vamos, Julio, es una tontería, y aceleré el 128 en punto muerto, cargándolo, llenándolo de vida mientras esperaba que ese torino allá en el medio hiciera los tres guiños que nos darían la largada. Y no sé, fueron como dos o tres minutos, minutos largos porque no me decidía si poner música o no poner música, pensaba que si metía un buen rock a todo trapo me iba a dar aliento pero también pensaba que era mejor el silencio para poder escuchar todo lo que pasara alrededor y que de todas formas el aliento no lo necesitaba y terminé poniéndolo pero no por el aliento sino porque tenía ganas de escucharlo, esa de la Renga que dice que yo soy un león, y me la puse a tope y fue justo ahí que vi que el torino con sus cuatro faros nos hacía los tres guiños y al primero ya metí primera y al segundo empecé a largar el embriague y al tercero me lancé tipo flecha hacia adelante y la verdad que el 128 saltó como una fiera y yo pasando cambios y cada vez más rápido y cada vez más cerca las luces de la Fuego y cada vez más rápido y cada vez más cerca y ya estaba por apartarse pero no se apartaba y ya estábamos muy cerca y cada vez más rápido y no sé qué me pasó, no me dí cuenta, no lo pensé pero pegué el volantazo y me fui a la banquina. Por suerte no me lastimé, no pasó nada.