Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Nunca entendí por qué la tortillera hizo tanto kilombo porque le pegué un par de bifes a la nena cuando se ponía hinchapelotas –la nena, digo, no la tortillera. Capaz que me lo tendría que haber imaginado, ya con todas las ñañas que tenía cuando “fornicábamos” para ver si se preñaba: no, que así no, que tan fuerte tampoco, que de atrás no me gusta, que tal y que cual, era una máquina de dirigir el tráfico, más que una mina era un semáforo. Pero bueno, yo estaba entusiasmado con esa idea de tener un hijo y me la banqué; lo que no soporté fue que, ya cuando la tuvimos, también tenía que hacerle caso en todo, como si ella fuera la única que sabía cómo se hace. Ella sabía un poco, yo sabía otro poco; ella creía algunas cosas, yo podía creer otras. Pero no, todo tenía que ser como ella decía, y con eso de los bifes se terminó de ir al carajo: el quilombo que armó, los gritos, amenazas, por poco me pega a mí también. Todo joya, yo lo entiendo: ella piensa que a los chicos no hay que pegarles. Bueno, listo; yo pienso que un chirlo de vez en cuando los ayuda a entender, a calmarse, a obedecer lo que les dicen sus papás. No digo como mi viejo, por supuesto, que me pegaba de puro gusto, de puro hijo de puta; digo alguna cachetada cuando todo lo demás no funcionó, para que aprendan: no hay nada mejor. O por lo menos yo lo creo; ella cree otra cosa y tiene derecho –digamos que tiene derecho– a creérsela; lo que no tiene ningún derecho es a imponerme a mí lo que ella cree. Pero estos progres y putos y tortis son así: se sienten superiores, se creen que lo que ellos creen no es una opción sino la verdad absoluta, palabra indiscutible. Yo también tengo mis convicciones, cómo no las voy a tener, y las mías no son caprichitos sino que vienen de siglos y de autoridades, es lo que me enseñaron los padres en la escuela y en la iglesia, es lo que hicieron los hombres y mujeres por los siglos de los siglos y aún así a veces trato de no imponerlas tanto aunque, la verdad, no siempre lo consigo. Pero por lo menos lo intento, o disimulo. Que parezca que tenemos libertad, ¿no? De eso se trata.