Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Pobre Karo. Yo sé que me quiere y yo la quiero más que a nadie. Pero pobre, a veces me parece que por ese cariño se jodió la vida. No digo que se la jodió jodió, porque al fin y al cabo me tiene a mí y yo la tengo a ella, pero es cierto que –salvo el busca aquel– nunca tuvo un novio en serio, nunca vivió con un tipo, nunca se sintió mujer de nadie, nunca tuvo un hijo que criar, nunca tuvo un hogar del que ocuparse, le quedaron muchas cosas por vivir. Y no es fea, para nada; no es que sea una belleza pero tampoco es fea y es bastante voluptuosa, por decirlo de algún modo, gran desarrollo de sus partes, unas tetas gloriosas. Pero siempre tuvo esa determinación y esa tristeza que asusta a muchos hombres y no supo hacer valer sus atributos y, mientras esperaba, se dedicó a trabajos de poca plata y poca fama, como cuando era instructora de taichí o secretaria de aquel dentista desdentado o maestra de inglés de chicos down o vendedora de maquillaje para ancianas o médium de niños y de moscas y todas esas cosas. Y ella es una mujer inteligente, por lo menos mucho más que yo, yo cuando de verdad no sé qué hacer siempre la consulto y casi siempre le hago caso. A veces dudo, me pregunto por qué creo que debería seguir los consejos de una persona que se arruinó tanto la vida, si esa vida no debería decirme precisamente que no haga lo que ella me dice, pero termino haciéndolo: mi hermana es un crack, aunque le haya salido todo mal y lo sepa, claro que lo sabe. Karola trata de disimularlo pero yo la conozco, está amargada, triste por el desperdicio, piensa que su vida podría haber sido distinta –tiene razón, yo sé que podría haber sido distinta– si no hubiera nacido en esa familia de mierda donde nació y no se hubiera sacrificado tanto por sus papás primero y después por el caprichoso de su hermano, que nunca le dio todo lo que quería, que se lo dio con cuentagotas, le hizo sentir vergüenzas que no tendríamos que haber sentido, no supo ni sabe cómo llevar la relación tan hermosa que tenemos para que sea precisamente eso, una relación hermosa, y no un basurero.