Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Si por lo menos yo fuera uno acostumbrado a estos asuntos. A estos, digo, en general: no a chupar pijas, no digo eso, pero por lo menos un poco de experiencia con las minas, un poco de saber cómo es esto de encajar los cuerpos, qué tengo que hacer, qué tengo que decir, qué no tengo que hacer o que decir, si por lo menos yo no fuera un analfa completo, un puto virgen. Bueno, no es que sea virgen virgen pero como si, y me cago de miedo y espero que esto de cagarme no sea de verdad porque este hijo de puta si le cago la verga me va a cortar la mía, o el gañote o lo que se le dé la puta gana. Así que tengo que tranquilizarme, tengo que hacer como si esto, todo esto, fuera lo más normal del mundo y tratar de que el hijo de puta se quede satisfecho y contento así me cuida, digo, aunque capaz que si se queda muy satisfecho y le da por repetir seguido va a ser una tortura, no sé si me conviene más que le guste o que no le guste, no tengo ni idea, acá no tengo ni idea de un carajo, me cambiaron el mundo. Lo que sí sé, me lo contaron, es que tengo que hacer como que me gustó, si no los tipos se cabrean, se sienten poca cosa y se cabrean y en una de esas te cagan a patadas, te la cortan, vaya a saber qué hacen. Y no sé muy bien cómo se hace, qué tengo que hacer para que crea que me gustó, si le sonrío y le digo qué emoción papito o le digo quiero más quiero más aunque tenga el orto partido y reventado, o qué carajo hago. Pero bueno, creo que eso lo voy a aprender. Lo necesito, qué remedio me queda. Y, de últimas, sí que me tranquiliza saber que el quía porque me parte el culo me protege, me cuida, que ningún otro se va a meter conmigo. Ahora solo espero que no sea un conchudo de esos que venden a sus chicos o sus chicas y los hacen trabajar como putas baratas; yo creo que este no es así, que me agarró para decir yo acá agarro lo que quiero, todo esto es mío así que elijo: que les ganó a todos los demás, gran privilegio. Si es así no me va a andar vendiendo o repartiendo, espero. Y eso es todo: esperar, olvidarme de cualquier control y ver qué hacen con vos todos estos muñecos: los jueces, los botones, los capos de la celda, cada uno. Yo, ya lo sé, no valgo nada: soy lo que ellos quieran.