Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

No es que leer me importe mucho: siempre me dio paja, me molesta esto de que uno nunca sepa realmente lo que el autor te está diciendo, no es como en una película o una televisión, donde ves lo que ves y listo, no hay veinte formas de mirarlo. Así que por eso nunca leí muchas novelas, pero qué alivio cuando uno encuentra algún libro –no novela, un libro– que dice las cosas que vos pensás, uno que piensa como vos pero mejor que vos y entonces lo leés diciendo todo el tiempo claro, por supuesto, esto era, pará un momento que lo voy a anotar. Y eso fue lo que me pasó en esos días con estos señores austríacos, los de la economía realmente liberal, el triunfo del mercado sobre todas las cosas y la derrota del estado y todo eso, pero sobre todo cuando me encontré con el maestro Rothbard y su anarco-capitalismo, una genialidad. Mucha gente se cree que los anarquistas no somos capitalistas o que los capitalistas no podemos ser anarquistas, pero es porque son simplones, cerrados de mollera, y se dejan engañar por el zurdaje. En cuanto lo pensás un poco –en cuanto leés lo que dice el yanqui este– te das cuenta de que la única forma verdadera de ser anarquista es ser capitalista, porque solamente si sos capitalista y te va bien y ganás mucha plata vas a tener toda tu libertad y conseguir que el estado no te rompa el culo en cuatro, y que todos esos pelotudos rusos tipo Bakunin o Kropotkin no tenían ni idea, por algo eran rusos, pero por suerte ya los rebatimos, ya podemos avanzar, aunque sea poco a poco. No va a ser fácil, por supuesto: el mundo está lleno de prejuicios. Los bolches nos mostraron que no se puede gobernar peor y se hundieron en el barro pero todavía hay tanta gente que sigue creyéndoles lo que decían; les ganamos todas las guerras, pero la batalla cultural sigue ahí y por ahora la están ganando ellos. Así que es medio al pedo hablar mucho de estas cosas, las decís y te tratan de facho o de gil y yo no soy ningún gil, de eso ya me curé, y no tengo ganas de que me puteen al pedo así que mejor me callo, por lo menos por ahora; quizá llegue un momento en que se pueda hablar de todo esto pero no va a ser fácil: tendría que pasar algo muy raro.