Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Y la reputa madre: hay pocas cosas que me pongan tan nervioso como esta maldición de las casualidades. Otros lo llaman el azar, para hacerse los finos; yo por ahí no paso, para mí son las casualidades. Y me patea el hígado que al final te decidan la vida. Esto que me pasó aquel día, por ejemplo: de verdad, si yo me tomaba el colectivo una hora más tarde o me sentaba del otro lado o cuando pasamos por delante de aquel telo estaba distraído o dormido o leyendo el diario no lo habría visto, y quién sabe cuánto tiempo podrían haber seguido engañándome esos dos, si ya llevaban más de un año. Y así tantas cosas, si yo no pasaba aquella tarde por delante del locutorio de Rodolfo y no me convidaba esa raya de merca y no me ofrecía lo de la batería capaz que todavía pensaría que podría haber sido un roquero de aquellos. O si el maricón de Alberdi no decidía irse a Córdoba yo me habría ido de acá y vaya a saber dónde estaría ahora, linyereando o afanando o quién sabe qué carajo haría. Y hay miles de ejemplos más, millones de ejemplos, te cagás de miedo: uno hace un esfuerzo horrible para pensar que lo que hace en la vida tiene algún sentido, que es lo que le tocaba, le correspondía, y después te das cuenta de que si el boletero te daba el asiento del pasillo y no el de la ventanilla todo habría sido diferente. Es muy difícil vivir así, sabiendo que nada es necesario, nada importa, cada marrón puede ser gris, cada amarillo rojo, yo no lo soporto. Entonces la otra es vivir como si no fuera así, pensando que la casualidad no existe y si uno hace lo que hace por algo será, que dios, la voluntad escondida, no importa qué pero que hay algo. No sé, supongo que de tanto en tanto te debés dar unos porrazos infernales, tipo cómo puede ser que Dios o yo queramos semejante mierda, pero por lo menos no te entregaste a la pavada esa. Yo creo que lo voy a probar, vamos a ver qué pasa.