Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Antes dudaba pero ahora estoy seguro: la putarraca de mi vieja siempre le metió los cuernos a mi pobre viejo. Bueno, lo que no sé es si siempre; capaz que cuando el viejo era más hombre no se los metía, lo respetaba, le tenía miedo, andá a saber, pero ahora se le nota que sí, se le nota a diez cuadras. Ella siempre fue así, una egoísta y una trepa, una que no le importa nada que no sea ella misma, sus pilchitas, sus amiguitas, sus joyitas para que se las envidien, alguna garompa que le revuelva el estofado; mirá si será trucha que hasta me hizo decir “mi pobre viejo”. ¡Mi pobre viejo, el mayor hijo de puta, el turro que me cagó a latigazos cada vez que pudo, el conchudo que nunca dejó de decirme que era una porquería, un inútil, un bobo! Mi pobre viejo: lo único que me falta. Pero igual no estoy seguro si me alegra que ahora su mujer lo cague. Me parece que sí, pero no estoy seguro. En todo caso, cuando me pongo a pensar en esa boludez de las casualidades, últimamente siempre me da la misma música: ¿cómo habría sido yo si mi viejo no hubiera visto a mi vieja en ese baile del Comunicaciones, o si la veía y no le gustaba, o si ella no le daba bola, o si él o ella se ponían en pedo más temprano y alguno se iba antes o si a él le dolía la patada que le habían dado en el partido de esa tarde y se quedaba tirado en su cama y no iba al baile o si no se ponía los zapatos Elevantor y entonces mi vieja le veía de movida lo petiso que era…? Si cualquiera de estas cosas pasaba, y tantas otras, yo no existiría. Y después me creo que importo para algo: si soy un patinazo, otra casualidad de ésas. La única forma de creérmelo es pedirle a Dios que me convenza de que él lo planeó todo, que él hizo que los dos estuvieran en el baile y que se vieran y que ella le diera bola y que él tuviera los zapatos con tacos y que se gustaran. Y está todo bien, a mí me gusta creer que fue Dios que lo planeó y entonces yo existo porque tenía que existir y no soy un puto patinazo y todas esas cosas, pero el problema es que si es así tengo que pensar que las palizas de mi viejo también fue Él que las planeó, y que la conchuda de mi vieja le haya metido los cuernos toda su vida y él, en lugar de pegarle a ella todo lo que quería, de vez en cuando me pegara a mí, que eso también fue Él que lo planeó, y la verdad que no me gusta. Así que no sé qué tengo que creer. A veces me parece mejor no creer en nada; otras, me parece tan triste que lo intento. Yo creo que por eso Dios sigue teniendo tanto rating: porque no creer es triste y feo y, más que nada, te decís mirá si existe y por boludo me lo pierdo. Y total, ¿qué me cuesta? Al final Dios también es un tema de mercado: tiene tanta publicidad y es tan barato que ni se te ocurre no comprarlo.