Ya me tienen los huevos llenos: ¿cuánto más van a tardar hasta que entiendan? Y mirá que es fácil el tema del mercado y no lo entienden: siempre le están buscando la quinta pata al gato, como si alguien quisiera engañarlos, como si todo fuera el invento de un espíritu maligno –o benigno, según, un enemigo del papa de Roma. Y la cosa es bien simple: la clave es el mercado, la forma de llamar al lugar sin lugar donde vivimos, donde pasa todo lo que pasa en estos días. Sin el mercado no habría negocios, no habría transacciones, y no tendríamos ni comida ni energía ni empleos ni empleados ni ninguna otra cosa. El mercado consigue que todo eso funcione: fija los precios que vale cada cosa y permite comprarlas y venderlas. Y lo bueno del mercado es que ahí no entra el sentimiento ni el sentimentalismo: si una papa vale diez no se la vas a cobrar cinco al pobre huerfanito porque entonces te arruinás y te sacan a patadas. En todo caso, que el pobre huerfanito se consiga unas monjas que consigan la guita y le compren la papa, pero el mercado no, el mercado tiene que mantener sus reglas, por eso sirve, por eso funciona. Y entonces, como las reglas están claras, el mercado permite que cada cual se desarrolle y desarrolle sus habilidades: está el tipo que puede convencerte de que lo que te va a vender es lo mejor que hay, o que lo que querés venderle es una caca, o que eso que te ofrece lo necesitás más que a tu vida o que eso que le ofrecés le va a servir muy poco. Y eso son reglas básicas, que se aplican igual para los más grandes y para los más chicos, pero después los grandes tienen tantos recursos, todas esas palancas. Y no es injusto, porque las tienen porque llegaron hasta ahí, porque alguien al principio supo hacerlos grandes, entonces pueden presionar a los más chicos para que les den mejores precios o mejores condiciones, y pueden quedarse con un sector y ahí fijar los precios y las condiciones que les convengan, o pueden apretar a los gobiernos y los políticos y los grupos de presión, o pueden bajar sus costos de producción amenazando con rajarse a otro lado. En fin, que el mercado ofrece infinidad de posibilidades, ya sabemos, pero es sobre todo el mejor espacio que ha inventado el hombre para competir libremente y para que esa competencia premie a los mejores, que si vos sos más fuerte o más inteligente o más tozudo ganes más que los que lo son menos, que se disuelvan esas ideas de que todos tienen que tener lo mismo porque hay una herramienta que permite medir cuánto se merece cada uno, y se llama mercado. El mercado sirve para tantas cosas, para todo lo que hacemos, pero hay algo que no suele tomarse tan en cuenta: es la forma más clara y más justa de saber cuánto valen las personas.