No importa mucho, pero siempre me cabreó esa frase, que “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Qué frase de mierda: es una máquina de fabricar mediocres, no trates de mejorar demasiado porque vas a arruinar lo que tenés. Sirve para que te quedes en el molde o, si no te quedaste, para justificar fracasos, para decirte que lo que te conviene es la mediocridad: conseguir o ser algo que sea más o menos bueno, ni muy bueno ni muy malo, y no arruinarlo con la ambición de hacerlo mejor, conformarte con lo que te tocó. Y pensar que hubo una época en que yo me la creí, traté de hacerle caso: la época de Guatemala, sobre todo, porque si no, quién se queda a vivir y laburar ahí si no te convencés de que es mejor tener esa basura que tratar de conseguir algo importante. Es como la versión sofisticada de que más vale pájaro en mano que cien volando: que no te hagas ilusiones, que te quedes con lo que tenés, pura resignación de desconchado. Y en Argentina la oí mucho: debía haber alguien pesado que la decía a menudo, capaz que alguno de la tele, porque mucha gente la repetía, y creo que hasta mi viejo la decía de vez en cuando. Pero él, claro, se lo aplicaba a cualquier cosa que no fuera yo: se conformaba con cualquiera siempre que no la hubiera hecho yo. ¡Lo mejor, enemigo de lo bueno! Qué hijos de puta, se ve que el que la inventó tenía mucho miedo de que se le fueran las cosas de las manos y quiso convencernos a todos de que era mejor no soltar nada, por si acaso. Ahora, de pronto, me gustaría saber quién fue el mariconazo que la dijo; voy a tratar de averiguarlo.