Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Hay tantos que se creen que el cuerpo está para cuidarlo, llenarlo de comidas apropiadas, masajes, cremitas, darse gustos. Es cierto, pero también deberían aprender que hay otros usos: que romperse un par de huesos, por ejemplo, cuando esa fractura te va a servir para algo importante, es una forma de usar tu cuerpo para conseguir algo que quizá sea mejor que cualquier cosa que podrías conseguir sin lastimarlo. Y no es que estés sacrificando tu cuerpo para conseguir eso: es que al quebrarte le estás dando la posibilidad de estar mejor, descansar, no meterse en quilombos al pedo. Lo que pasa es que la gente es tonta o ignorante: le huyen al dolor, la herida, la rotura, no consiguen pensar las ventajas y placeres que se pueden conseguir por esa vía. Quizá porque les faltó instrucción desde el principio: yo desde chico, desde siempre supe que se podía disfrutar de un latigazo, digamos, por ejemplo. No, es cierto que entonces yo no disfrutaba, pero podía ver muy clarito como el turro de mi viejo se la pasaba bomba. Y tuve que aprender: creo que el gran cambio de mi vida fue ahí, cuando empecé a entender que él lo hacía porque le daba gusto y que yo tenía que encontrar una manera de que me diera gusto a mí también. Lo busqué, tardé mi tiempo, pero al fin lo encontré: si no le daba el gusto de mostrarle que sus rebencazos me dolían, si me callaba la boca y aguantaba como un campeón, cada golpe lo iba frustrando más, cabreando más y yo me daba cuenta, porque capaz que me pegaba más y más fuerte, pero me alegraba tanto que me dolía cada vez menos, menos ganas tenía de gritar o de quejarme, más lo jodía a él. Y en algún momento perdía las esperanzas y paraba y entonces yo me iba a mi pieza y es cierto que la espalda y el culo me dolían como la puta madre, pero cada dolor, cada latigazo era un recuerdo de lo mal que se lo había hecho pasar, una medalla de una pelea que le había ganado. Es fácil disfrutar dando dolor a otro; lo que tiene más mérito es disfrutar de que a vos te lo den, o que te lo des vos solo. Eso es lo que aprendí, y por eso no me costó nada partirme el brazo por un bien superior. Para eso están los cuerpos: para servirnos para un bien superior. Si no, parece que fueran un cacho de carne mal cortada que se te pega a los huesos porque estaban ahí, una huevada sin destino.