Yo creía que ese iba a aprovechar para no volver, nunca más en la vida. Indio de mierda, ¿no se dio cuenta de que se la jugaba? Hay que ser pelotudo. Yo no sé qué le había visto Tarzán, pero es verdad que le ladraba sin parar: en cuanto lo veía aparecer empezaba a ladrarle y mostrarle los dientes, indio del orto, por algo sería, capaz que era ladrón o puto o quién sabe qué mierda. Y el pelotudo este empezó a venir con una rama gruesa o alguna otra madera y trataba de pegarle; dos o tres veces lo vi y le dije que no fuera animal, que si le llegaba a pegar en serio a Tarzán yo le rompía la cara, pero se ve que el indio no entendió, capaz que no entendía castellano, o no quiso entender, porque unos días después vino con una barra y le dio un golpe en la cabeza que casi se la saca. Pobre Tarzán, cayó al suelo hecho mierda, trataba de levantar la cabeza y no podía, se le volvía a caer, le salía sangre por la boca, tenía los ojos blancos, una pata se le movía como loca, estaba reventado. Tuve que mandar a buscar al Tinto que le pegara un tiro: pocas veces en mi vida estuve tan jodido, me pasé todo el día agarrado al mezcal y a la noche volví a llamarlo al Tinto y le dije que ese indio tenía que pagarla. El Tinto me preguntó qué quería que le hiciera y yo le dije vos sabrás, cerote, acá tenés mil dólares, hacele lo que esa plata pague, siempre que lo hagas sufrir como un enano. Nunca quise preguntarle, yo no quiero saber, pero me lo imagino. En esos casos mejor imaginarse: esquivás la culpa, no sabés, pero tenés tantas opciones para pensar que la gozás mucho más que si supieras. Al indio tampoco lo ví más. Vaya a saber qué fue de él; cualquier cosa que le haya pasado es más que justa, no se puede tratar así a los animales.