Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Me impresiona que no se hayan dado cuenta de que no había ninguna chance de que yo me metiera en sus pelotudeces. O soy un mentiroso extraordinario –y no creo que lo sea, al final siempre me descubrían– o ellos eran todavía más boludos que lo que parecían. Yo diría que era eso: de todas formas, para meterte en uno de esos grupos ya tenés que ser bastante boludo, estar dispuesto a creerte lo que querés creerte, cada zaino que no sé cómo hacen. Te tenés que creer que con tus discursitos pelotudos y tus cortes de calles y tus demás berrinches podés llegar a cambiar algo del mundo en que vivimos. Como si los que manejan este mundo no fueran millones de veces más poderosos, como si no lo tuvieran recontracontrolado. Parecen bobos: lo que les pasa es que tienen tres o cuatro ejemplos de movimientos de esos que, por esas casualidades, consiguieron ganar, y entonces se creen que todo es pan comido. La estadística que nunca hacen es cuántos no consiguieron una mierda, nada de nada, cuántos fueron derrotados y sus miembros más derrotados todavía, torturados, matados, tratados como ellos pensaban tratar a sus enemigos si ganaban, solo que perdieron. Y aún si no llegaran al fondo del quilombo: ¿cuánto tiempo se puede perder repitiendo las mismas boludeces, las que vos ya sabés, las que todos tus compañeros saben, que las repiten porque saben que repetirlas une mucho, los mantiene unidos? Parecen los monaguillos del colegio, que vaya a saber si creían en Dios o en qué creían pero se sabían todas las frases y las repetían cuantas veces fuera necesario y hacían los movimientos que les habían enseñado y ponían cara de yo sé, yo formo parte, como estos pelotudos. Monaguillos son, eso es lo que son, hablando todo el tiempo de algo que no conocen, de los otros, del pueblo, los obreros, esa gente que no han visto ni por televisión como los monaguillos hablan de Dios y de los ángeles –que por lo menos los vieron en pintura en sus iglesias. Y esos creyeron que yo podía hacer lo hacen ellos… Eso demuestra, definitivamente, que son unos boludos.