Debe ser un lujo ser botón. Capaz que ahora un poco menos porque ya nadie respeta a nadie, es todo un carnaval, pero todavía ser un sargento o un teniente de la Federal no es joda, la gente te mira muy distinto, te respeta –o por lo menos se le frunce el orto. Y lo que más me gusta es esta idea de que nadie te puede correr con la vaina: lo peor de la mayoría de los trabajos es esto de que el cliente siempre tiene razón y entonces tenés que dejarte forrear por cada uno que le partirías la cabeza con una cucharita. En cambio un cana no: cuando decís algo todos tienen que obedecerte, cerrar el culo y hacer lo que decís. Sí, también tenés que morfarte que tus superiores te hagan lo que se les canta, pero no son tantos y además siempre te queda la esperanza de que ahora te lo hacen a vos pero pronto vos se lo vas a hacer a otros, y eso calma mucho. Es eso, respeto, autoridad, y sobre todo la facilidad para meterte en cualquier lado, hacer tus negocitos, cobrar tus comisiones: a lo sumo si lo hacés mal y hacés cagadas ya vendrá algún galón a decirte que aflojes la mano, pero no van a hacer más porque cualquier escándalo, por chiquito que sea, les jode la imagen de la institución, así que tratan de evitarlo. Una vez un amigo –bueno, un compañero del colegio– que había decidido hacerse policía me dijo que lo que más le gustaba era que le habían dicho que el lema de la Federal decía que “los trapos sucios se lavan en casa”, para decir eso que yo decía, que si alguien se pasa de parada no lo van a joder en público, de últimas le ordenarán que afloje. Sí, debe ser un lujo. Lástima que yo, como con casi todo, de puro boludo me di cuenta tarde.