Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Hubo un momento, ahí frente al cajón, en esa funeraria de mierda donde lo velaron, donde la mayoría de los asistentes eran los choferes de sus taxis que lo detestaban pero tenían miedo de las represalias si no iban, que estuve a punto de ablandarme. Ahí en el cajón, entre puntillas y esas sedas se le veía la cara, como más chiquitita, pálida igual con tanto maquillaje, endurecida, y en ese momento pensé bueno, al fin y al cabo este es el hijo de puta que me dio de comer durante todos estos años, que me dio un techo, que me mandó a la escuela, que me alentó para jugar al fútbol, me pagó el primer polvo que no pude echarme. Sí, es cierto, también me cagó a latigazos y me dijo las cosas más horribles, me despreciaba y nunca le interesó disimularlo, pero sin él yo no sería, pensé, y estuve a punto de caer en una especie de pena o de ternura que de verdad no me esperaba y entonces me dí cuenta de que si no hubiera existido, si yo no hubiera existido no pasaba nada, para existir como existo tampoco importa mucho, si yo no hubiera existido nadie se perdía nada así que al hijo de puta este no le debo un carajo, capaz incluso que sin él sí habría existido y habría sido distinto, una persona a gusto con ella misma en vez de esta pelea permanente en la que vivo. Así que no, papá, me chupa un huevo que te mueras: te odio igual, no te odio menos. Capaz que más, porque ni siquiera me queda la esperanza de vengarme. Ya fuiste, viejo, y fuiste una cagada. Y quisiste que yo también lo fuera, y a veces parece que eso sí que te salió. Capaz que lo único que te salió bien en la vida fue cagarme la vida. Suerte, viejo.