Qué impresionante tener éxito. Qué dulce, qué placer, qué distinto de todo lo demás esto del éxito. Digo: que intentes una cosa y que te salga, que los demás te miren con respeto, que se comenten no, eso se le ocurrió a Julio y tenía que funcionar. Y que vos sepas, sobre todo que vos lo sepas, te convenzas, de que podés hacer cosas y las vas a hacer bien. Y lo raro es que, ahora que lo hice, tampoco me parece tan difícil: solamente hay que decidirse, ponerse y hacer lo necesario, no dejarse influir por las boludeces que te dicen y hacer lo que tenés que hacer, ser vos mismo. Y sobre todo convencer a los demás de que vos sos capaz de llevarlos a algún lado: acá son ciento y pico de laburantes que tienen que creerse lo que yo les diga, que tienen que tener confianza en mí, ahora me doy cuenta. Y si yo no tenía esa confianza, cómo le voy a pedir a otros que la tengan. Pero ahora sí, y se nota. Mi hermana me dice que tenga cuidado con esas ideas, que no me las crea porque es una buena forma de romperse la cabeza, de caerse desde arriba del banquito y partírsela en cuatro, pero yo creo que me lo dice porque por una vez está envidiosa, ya no es la que tiene que cuidarme y limpiar mis cagadas sino que ve cómo yo voy haciendo todo lo que tengo que hacer y, me cuesta decirlo, por momentos me parece que no la necesito para nada. Es verdad, se pone un poco rara. Y eso que esto que estoy haciendo es una boludez, levantar una empresita que siempre había estado muy mal administrada por el imbécil de mi viejo, tan imbécil que no era capaz de ver las posibilidades de su negocio o de su hijo. Digo: que esto que hago es algo muy chiquito, pero no quiero ni imaginarme cómo se pondría si alguna vez hago algo grande, tendré que inventar maneras de tranquilizarla, capaz que no voy a tener más remedio que darle pista a ella también para que no se sienta muy tirada. Pero bueno, lo único que me falta en medio de este éxito es amargarme por mi hermana. Por mí, tengo que estar feliz por mí, que bastante me costó todo esto. Y ahora me dan ganas de decirme que me lo merecía, que siempre supe que iba a terminar así, pero la verdad es que no es cierto. ¿Cuántas veces me creí que era un inútil, un tarado incapaz de hacer ninguna cosa bien? ¿Cuántas veces me lamenté de ser yo mismo? Si hubiera sabido antes que era así de fácil…