Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Somos truchos: hasta para eso somos truchos. Nos imaginamos como los grandes asadores, los grandes comedores de carne asada, los descendientes de aquellos gauchos bravos, y resulta que lo que más comemos día tras día son las pizzas, las pastas, los guisos que se arreglan con unos pocos mangos. Como siempre: nos vemos como una cosa, somos otra. Ser gaucho ahora es un lujo, pocos se bancan un asado, pero seguimos imaginando que somos eso: puro verso. Y es otra prueba de nuestra tontería: nos la damos de ser los grandes asadores y a la final asar qué es, tirar un cacho de carne al fuego, no es cocinar, no es preparar, no es nada, es parecerse lo más posible a cualquier pitecantropo que acaba de descubrir que si acerca a la llama su cacho de mamut va a estar más rico y va a tener que masticar un poco menos. Eso es el asado, la forma más primitiva de no comer crudo, y mirá si seremos inútiles que ni siquiera sabemos cómo hacerlo. Nos creemos que sí: la Argentina está llena de fulanos que se creen que sí, que te preparan el asadito y hay que decirles que está rico, qué les vas a decir si te invitaron, pero la mayoría lo único que sabe es arruinar la carne, dejarla como una suela de zapato, sacarle todo el jugo y todo el gusto y hacer todas iguales, ni idea de qué hay que hacer con cada una, y se creen que saben. Y, para colmo, nos creemos que somos de la vaca pero somos del chancho: por cada vacío o cada tira nos comemos mil choris, puro cerdo y un poco de caballo. Al final va a ser cierto que la Argentina es el país del asado, todo trucho, el símbolo perfecto de esta garcha que somos.