Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

¿Para qué leer los diarios, escuchar la radio, si yo, sin el menor esfuerzo, conseguí que dijeran cosas tan absolutamente falsas? Una “oferta importante del exterior”, decían ese día, porque yo me había llevado a un periodista conocido a tomar un par de cervezas al bar de un hotel lleno de estrellas y en algún momento, so pretexto de amigos, haciéndome el borracho distraído, comenté sin querer que la mudanza me tenía preocupado, y el otro picó el anzuelo, preguntó qué mudanza, yo le dije no, nada, una mudanza, y el otro que por qué me preocupaba una mudanza y yo que porque no era una mudanza cualquiera, que sería muy lejos, dije, y me sobresalté como si hubiera dicho lo que no quería y el hombre no podía dejar de preguntar una y otra vez qué me pasaba, adónde me mudaba. Y yo que le decía que no, que nada, hasta que al final hice como que me apiadaba de su desespero y bajé la voz para decirle que no dijera nada, pero nada de nada, y que había arreglado con un club europeo y que no podía decirle más pero era un equipo importante y que ojalá él supiera guardarme el secreto porque si no los dos tendríamos problemas. ¿Qué problemas?, me dijo, y yo le dije que tampoco tanto, que él ninguno y yo quién sabe pero que por si acaso no dijera nada. Siempre se puede contar con la traición de un periodista. Al otro día su diario, el Reportero Guate, tenía la noticia bomba abajo de la primera página: “Se nos va el Che Julio”, y un desarrollo que se hacía el misterioso para ocultar que no sabía un carajo. Dos horas después todos los medios del país voceaban la noticia –que no era una noticia– de mi abandono extraño, sigiloso. Tardé mucho en volver a abrir un diario pero aprendí, al mismo tiempo, que no era complicado manejarlos.