Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Cómo los despreciaba, cómo los desprecio: toda esa manga de glotones que comen por placer, para darse un gusto, como dicen. Pobres pelotudos: se ve que no tienen nada que hacer con sus vidas, que se pueden perder dos o tres horas por día llevándose a la boca cachos de naturaleza, masticándolos, comentándolos, hablando de que su abuela los hacía así o asá, que en tal restorán son más auténticos o más imaginativos o más algo; comen y hablan de comer como si comer no fuera la porquería más animal que seguimos haciendo, la marca de lo primitivos que seguimos siendo. Nos da orgullo nuestra civilización, todo lo que avanzamos, nos hablamos, nos vestimos, pero comemos igual que cualquier mandril de culo rojo. Es primario, realmente primario: alguien va y arranca plantas de la tierra, alguien va y mata a un animal y lo trocea, y después alguien va y corta todo eso en pedacitos y lo pone al fuego como hace diez mil años y vamos y nos lo comemos y no solo nos devuelve la energía perdida sino que también nos da el mismo placer que le daba a Sansón cuando le ponía su plato de bofe. O, peor, nos vamos a un local lleno de mesas y de sillas donde toda una cantidad de personas sentadas mastican y mastican y tragan y tragan todas juntas y se pasan horas al pedo o, más peor, aprovechan que volvieron a su estado animal para arreglar cosas entre ellos, negocios, romances, traiciones, tonterías. Yo lo tengo claro, más que claro: mientras no consigamos inventar las pastillas que nos van a distinguir por fin de los demás mamíferos, no pienso perder ni un minuto más que los necesarios para seguir viviendo. Como ya dije alguna vez: un bife puede tener entre 90 y 100 centímetros cuadrados de carne, sin contar el hueso ni la grasa. Si se divide su superficie en 6 partes parecidas, nos quedan 6 bocados de unos 16 centímetros cuadrados, 4x4, cada uno. Esos trozos son perfectos para una ingesta si se la completa con un volumen de puré que no exceda los 15 gramos, según la misma cuenta: una porción de puré supone alrededor de 100 gramos de papa triturada; dividida por 6 dará esa cantidad. Así, en 6 bocados, se da cuenta del plato, que tiene todas las nutrientes que el cuerpo necesita. Y 6 bocados, según un cálculo generoso, no deberían ocupar más de 5 minutos: es la mejor manera de minimizar –mientras no inventen las famosas píldoras– el desperdicio de tiempo que significa la comida, la humillación de tener que tragar esa energía como los animales.