Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Mandar a matar

Fue el error espantoso, sí, si lo hubiera hecho todo habría sido tan distinto. Y, visto a la distancia, tampoco era tan grave. El problema es que desde hace siglos que nos vienen comiendo la moral, nos vienen convirtiendo en borreguitos, diciéndonos todo el tiempo que no hay que matar, en general, que no hay que matar en general y entonces uno ya no piensa bien, se deja convencer y no lo piensa, como si matar a tal fuera lo mismo que matar a cual, como si fuera todo igual. Pero digamos, en este caso, a ver: por no matar a esa basura otros veintiséis se quedaron sin laburo, la pasaron horrible, algunos incluso los mandaron de vuelta a sus países, les jodieron la vida. Y eso por no hablar de Karola y yo y mi vieja y todo eso. Pero mejor sacarnos de la cuenta, que si no se puede confundir con egoísmo; quedémosnos con esos veintiséis. ¿De verdad estamos convencidos de que no se justificaba matar a uno, a uno solo, a un paraguayo analfa, mal bicho, sucio, chantajista, que ni siquiera tenía una familia, uno que nadie iba a extrañar, para que no les cagara las vidas a otros veintiséis, que si empezás a contar mujeres e hijos y esas cosas te da como cien ñatos? ¿De verdad si vos sabés que con solo matar al paraguayo todos los demás salvan sus vidas me van a decir que no vale la pena, que no es un precio razonable? Y no es solo una cuestión de cantidades, también de calidades: con que uno de esos cien fuera mucho mejor que el paragua, y eso no era difícil, ya alcanza, me parece, para justificarlo. ¿De verdad si vos creés que matando al paraguayo el hijo de uno de los veintiséis podrá ir a un colegio y estudiar y descubrir una vacuna contra el mal de chagas no vale la pena? Yo creo que el problema es ese, que nos imponen absolutos, que no se puede matar a nadie, digamos, la pavada de no matarás y entonces nos impiden pensar las situaciones, medirlas, sopesarlas, ver cuánto se pierde y cuánto se gana en cada caso. Eso es lo malo, esas ideas absolutas, todo el batiburrillo de los curas que te formatean el mate para que no puedas pensar, para que solo puedas aplicar sus reglas. Sí, claro, una vez más: nos coartan nuestra libertad. ¿O me van a decir que si alguien hubiera podido matar a Perón en el 47 no tendría que haberlo hecho? Tanto mejor que habría sido la Argentina, carajo, y todo con un pequeño sacrificio, un gran negocio, una sola vida por millones. Y aunque sean más vidas, ponele, la más grande de las grandes, la bomba atómica que largaron los americanos en Hiroshima. Sí, mató a mucha gente, muchos japoneses. Pero ¿y la cantidad de gente que se salvó porque después de eso nadie más se atrevió a meterse en una guerra en serio? En fin, me estoy yendo al carajo, pero lo digo en serio, y no lo digo por resentimiento. Sí, es cierto que mi vida hubiera sido mucho mejor si hubiera matado al paraguayo, si hubiera mandado a matar al paraguayo, pero no se trata de eso: son todos los demás, todos los que habrían vivido mejor si yo no hubiera sido tan cobarde. Ese sí que es un peso que no consigo sacudirme. Y Karola, la concha de su madre.