Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Esa mañana su padre le dijo que no se vistiera –“no te vistas que no vas, hoy nos quedamos todos en casa”– y Julio no entendió. Su padre tenía una sonrisa y un buen humor como muy pocas veces le había visto, le preparó una leche con un chorrito de café y se lo llevó al living a mirar televisión con él. Le dijo que no hablara, que tenían que escuchar con mucha atención, y Julio estaba sorprendido porque en la tele nadie decía nada: solo había un dibujito que no se movía, no como los del Correcaminos o el Gato Félix que tanto le gustaban, no, acá solo había un dibujo quieto y una música con muchas trompetas y tambores y platillos y su papá con la sonrisa que le decía que se callara aunque la tele seguía sin hablar hasta que al fin le salió una voz gruesa, muy gruesa, que dijo “Comunicado número Uno” y entonces sí su papá lo abrazó y lo siguió abrazando mientras escuchaban algo que él no terminaba de entender y cuando la voz gruesa se calló, don Beto gritó algo que él no le había oído nunca, algo así cómo viva la patia y él trató de imaginar cómo se podría distinguir un patio de una patia y después su papá dijo que por fin estos milicos se habían decidido a dar la cara, que cómo podía ser que dejaran durante tanto tiempo que los peronistas y los guerrilleros arruinaran el país sin hacer nada pero que bueno, por fin se dieron cuenta y ahora todo va a ser mucho mejor. Julio dijo sí papá, ahora todo va a ser mucho mejor y se sintió muy cerca, más cerca de su padre que lo que nunca se había sentido hasta ese día y su padre lo abrazó otra vez y otra vez gritó lo de la patia, y Julio lo gritó también. En la tele, la música seguía llena de platillos y tambores y la voz gruesa repitió todas esas palabras que Julio no entendía, pero sin duda pasaba algo muy bueno. Durante meses Julio quiso preguntar cómo era una patia, pero no se animaba.