Vidas de JM
Vidas de JM Novela interactiva de Martín Caparrós

Pero por más que lo pienso y lo pienso, le doy vueltas y vueltas, no se me ocurre cómo podría hacer para cambiar de padre. No debería ser tan difícil: cada chico tiene uno y lo prueba durante unos años; si de verdad, de verdad, no le resulta, lo podría devolver y que le entreguen otro. Sería lo más justo, me parece. Ahí la clave es no joder: que los chicos no empiecen a devolver padres porque no les compran un Lego o una bici o porque no quieren llevarlos a la cancha o porque les rompen las pelotas con las notas. No, ahí todo se iría al carajo. Pero tendría que haber alguna manera, porque si no hay ninguna se mantiene esta injusticia espantosa de que hay chicos que tienen padres que los cuidan, que los quieren, y otros que tenemos que soportar a cada hijo de puta. Y no es tanto que me grite, que me pegue; lo que más duele es que todo el tiempo me esté diciendo que soy un pelotudo, un inútil, que cómo puede ser que a un tipo como él le haya salido un hijo como vos y vos tenés ganas de decirle viste, boludo, debe ser que algo te pasa si tenés un hijo tan pelotudo, ¿no?, pero no se lo decís, claro, porque ahí sí que te caga a trompadas para todo el partido. Y por eso le doy vueltas y vueltas y no se me ocurre qué podría hacer, porque para irme todavía soy chico y matarlo no puedo y además mi vieja me mataría a mí y no sé cómo podría hacerlo aunque tantas veces me den ganas y lo que pensé es ponerle forros en el bolsillo de una camisa para que mi vieja los encuentre y lo mande a la mierda por ponerle los cuernos pero ella es tan maricona que ni siquiera así lo mandaría, o no sé si será por maricona o porque no quiere perder la poca guita que él nos trae, el departamentito, de qué mierda va a vivir ella si lo raja, y además estoy seguro de que ella sí lo hace, así que en una de esas prefiere no decir nada por el miedo de escupir para arriba.

No, tendría que ser algo más directo, conseguirme un veneno que no deje rastros, pero de dónde voy a sacar yo una cosa como esa; quizá lo que sí pueda conseguir sea un escorpión y se lo pongo debajo de la almohada: ahí el peligro es que el bicho se desvíe y pique a mi mamá, que tampoco sería tan terrible. Pero capaz que es más fácil pedirle a alguien que me enseñe cómo se cortan los cables del freno de su taxi y una noche bajar y cortarlos pero ahí lo más probable es que se dé una piña y nada más, tampoco es tan seguro que se mate, no sé, no se me ocurre, aunque lo estoy pensando todo el tiempo no se me ocurre y capaz que lo peor es esto de estar pensándolo todo el tiempo, todo el tiempo viendo esa sonrisa que se le pone cuando empieza a sacarse el cinturón, esa cara que se la partiría en mil pedazos, cara de rata agrandada pero Julito no puede ser que seas tan tarado, de dónde habrás salido tan tarado, cómo puede ser que hayas dejado prendido el calefón pedazo de inútil cuántas veces te lo tengo que decir imbécil que hay que apagarlo o para qué trabajo yo, para que el mongólico de mi hijo se gaste lo que no tenemos, la reputa madre. Esa voz, ese pito que me atraviesa la cabeza, tengo que encontrar la forma de callarlos. O de irme, por lo menos de irme, pero para eso todavía me faltan años y no creo que pueda soportarlos…