–Hijo, espero que sepas criar a tus hijos como yo los crié a ustedes.
–Sí, padre, yo también lo espero.
–Espero que seas capaz de recordar que el papel de un padre no es ser bueno, que para hacerse las buenas ya están las mujeres, tremendas mentirosas. Un padre tiene que enseñar, tiene que endurecer al chico para que pueda vivir en este mundo de mierda. Aunque le cueste, es su deber. ¿O a vos te parece que a mí me gusta ponerte el culo de todos los colores?
–Lo sé, padre, usté me lo enseñó y yo lo aprendí.
Alberto Méndez, el padre del rubito, aprendió desde muy chico de su propio padre, Alberto Méndez, cómo era ser un padre. Y es cierto que durante años prefirió no hacerlo: ¿para qué tomarse ese trabajo y tener que ser tan duro con uno que, al fin y al cabo, es sangre de tu sangre? Hasta que conoció a Mabel, su señora, que todos llaman Beba, y empezó a entender algunas cosas.